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Las profesiones del vino: el tonelero

Solo hay 400 artesanos en toda Francia. Sin embargo, el tonelero es un socio ineludible del viticultor: sin él, no habría barricas donde criar y envejecer los vinos.

 

Heredero de unos conocimientos ancestrales, este experto posee un título de formación profesional en tonelería. A pesar de la mecanización de los talleres, sigue siendo imprescindible: es el único que domina los mínimos gestos que dan origen a barricas de calidad. Equipado con un martillo y un punzón, debe ser hábil, robusto y paciente.

Por ello, es imposible convertirse en tonelero de hoy para mañana: es necesario contar con dos años de tiempo de secado entre la elección de la madera y su utilización. Conocidos como «merrains», estos trozos se cortan y modelan para obtener «duelas». El tonelero se encarga de controlar minuciosamente estos listones en siete ocasiones antes de calentarlos para formar el cuerpo de la barrica. Para poder utilizarse, los listones deben ser homogéneos, lisos y sin defectos.

A continuación, el artesano procede al montaje de la barrica, conocido como la «mise en rose». Seguidamente, coloca círculos alrededor de las duelas para darles una primera forma cilíndrica. En este punto, solo está formada la parte inferior de la barrica. El tonelero debe calentar la parte superior de los listones para poder curvarlos. Una vez que la barrica haya tomado forma, añade un fondo y una piquera antes de rodear la madera. Empieza entonces un largo trabajo de pulido y luego de calentamiento: de esta última etapa dependerán los aromas del vino.

 

La cocción de la madera debe ser precisa, para permitir que se desarrollen las notas de vainilla, avellanas o ahumado. Este calentamiento es un secreto bien guardado. Cada artesano protege su destreza, poniendo así un poco de su alma en sus toneles.

 

Redactado por Alexandra Reveillon

El  25/04/2018