Explotación vitícola Modat:

En el valle de Agly, al oeste de Perpiñán, se extienden las viñas de la explotación. Diecinueve hectáreas «históricas», plantadas con seis cepas (syrah, cariñena, garnacha, moscatel de Alejandría, moscatel de grano menudo y cinsault). Más cuatro plantadas en 2009, consagradas al blanco (garnacha, viognier y roussanne). El terroir de gneis (arena granítica) permite la elaboración de vinos elegantes y más bien finos. Además, el viñedo fue convertido a la agricultura biológica y utiliza abonos orgánicos, así como labores en superficie a fin de que la hierba se descomponga en abono verde en el suelo. Estas prácticas también fuerzan a la vid a echar raíces más profundas y a buscar las capas de arcillas más frescas, situadas debajo del granito.

Esta explotación familiar está dirigida por Henri y Philippe Modat con Laurent Abet. Todo es obra de su equipo: talla, desyemado, remontado, espalderas, vendimias... ¿Qué sería de la vid sin el hombre? Sin duda, ¡se convertiría en la liana indómita del principio! Aquí, las vendimias son manuales y se prolongan durante dos meses. Se realizan en cajas de 10 kg con una clasificación de las uvas desde la viña. La vinificación tiene lugar en una bodega muy funcional que data de 2008, utilizando materiales biológicos como la lana de cáñamo del tejado. Asimismo, está semienterrada para beneficiarse mejor del frescor del subsuelo y su alero de 100 metros cuadrados de células fotovoltaicas permite una producción de electricidad que supera el consumo de la explotación vitícola.

Los vinos están marcados con la huella del terroir y expresan una notable autenticidad. Cabe mencionarse «De-ci de-là», costas de Rosellón blanco (89/100), amplio, generoso y potente que combina precisión y carácter. El tinto Caramany «Comme avant» (89/100), dulce y especiado. Y «Sans plus attendre» (91/100), el alter ego de la misma denominación, más completo, más largo, denso y mineral a pedir de boca. Una gran expresión de la syrah en tierras catalanas.