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Château Vieux Mougnac, la ecología en las venas

A Sylvie Milhard-Bessard, mejor no hablarle de conversión a lo biológico: «Lo practicamos desde siempre, ¡nuestros viñedos nunca han visto herbicidas ni pesticidas!». Ya en 1970, su padre, Yves, se negaba a utilizar los productos fitosanitarios. «Decía que había una calavera en las botellas y que no quería envenenar a sus clientes. Era sentido común».

 

Cerca de medio siglo más tarde, sus descendientes siguen aplicando su filosofía. A pesar de no estar reivindicada —«demasiado pesado, demasiado papeleo»—, la biodinámica no deja de estar presente. Aquí, se trabaja con la luna, siguiendo sus ciclos para sustraer el vino. Las vides siempre se cuidan con decocciones de plantas y cáscaras de huevo. Cuando la familia Milhard-Bessard adquirió cinco hectáreas para ampliar su explotación, lo hizo a su vecino, antiguo compañero de clase de Yves, que compartía la misma conducta.

Con el apoyo de sus hijos, Laêtitia y Jérémie, que dividen su tiempo entre un trabajo fijo y el Château, Sylvie Milhard-Bessard pone de relieve los conocimientos transmitidos de generación en generación. «Son mis hijos los que me animaron a solicitar la certificación bío. Es el futuro». Sin embargo, eso no significa que deban renunciar a mirar al pasado. Desde 2017, la familia hace que un caballo de tiro vaya cada dos meses para arar dos de sus parcelas.

Es la ocasión de organizar un evento en el corazón de los viñedos y aumentar el número de clientes potenciales. De esta forma, el 50 % de las ventas se realiza directamente en la propiedad. La otra mitad de las botellas parte al extranjero, desde China a Escandinavia, pasando por Rusia, donde el Château Vieux Mougnac ha logrado crearse un mercado por la única vía del boca a boca. Un éxito gracias a la singularidad de sus vinos, concebidos para una gran reserva, marcados por aromas de regaliz y ciruela pasa.

 

Redactado por Alexandra Reveillon

El 18/04/2018