Château Moulin Caresse (denominaciones Montravel y Bergerac)

La familia Deffarge explota esta propiedad familiar del Périgord desde 1749. Veamos con más detalle estos vinos que merecen ser reconocidos.

 

De generación a generación

Jean-François y Sylvie heredaron la explotación, que en la actualidad se extiende en una cincuentena de hectáreas. La rebautizaron haciendo referencia al antiguo molino de viento que se encontraba en el lugar, y para expresar su deseo de convivencia. Además, los Deffarge también ofrecen alojamiento para sus visitantes.

En esta casa, la vid se trabaja en un cultivo razonable, para «no dañar la naturaleza... ¡ni a los viticultores!». Para ello, Jean-François y Sylvie han invertido en un pulverizador, que recupera del suelo los productos pulverizados sobre las hojas, a fin de no contaminar la tierra. Un método que les ha permitido obtener la certificación HVE nivel 3.

El trabajo de la vid y en la bodega aquí se hace en familia, con los dos hijos, Benjamin y Quentin. Un día, explica Sylvie, «mis hijos tomarán las riendas la explotación».

 

 

Montravel, una mineralidad particular

«In Monte revelationem» (en la montaña, tuve la revelación): este sería el origen del nombre de esta localidad protestante, lo que le valió ser arrasada bajo las órdenes de Luis XIII durante las guerras de la religión. En Montravel, los suelos arcillo-calcáreos contienen arcillas ferruginosas que en ocasiones afloran. De hecho, incluso aunque únicamente estamos a una veintena de kilómetros del este de Saint-Émilion, los vinos tintos en ocasiones presentan una mineralidad y un frescor singular.

 

Este es el caso de «Cœur de Roche», la emblemática cosecha de la explotación. Este vino posee una nariz que evoca los frutos negros (las cepas montadas son las clásicas del vecino bordelés: cabernet sauvignon, cabernet franc y merlot, pero también, y en una cantidad nada insignificante, el malbec). La crianza en barrica dura como mínimo 18 meses (el pliego de condiciones de la denominación es más exigente que para los vinos de Bergerac). En consecuencia, la boca es fuerte, bien estructurada, al tiempo que conserva el afrutado y la ligereza vinculados a la fuerte presencia del merlot. Consideramos que este vino está a medio camino entre el encanto viril de los Bergerac y el más femenino de los Saint-Émilion.

 

 

Por tanto, para obtener la caricia prometida en nombre del castillo, ¡espere unos diez años antes de descorcharlo!