Financiación participativa y vino: ¿un assemblage ganador?

 

 

El «crowdfunding» se traduce en español como una petición de fondos a un gran número de personas que generalmente aportan una pequeña suma. Esta práctica que nació con Internet se ha introducido desde hace unos años en el mundo del vino. ¿Qué cabe esperar?

 

Si bien las plataformas web generalistas de financiación participativa (como IndieGogo, KickStarter, o en Francia KissKissBankBank, Ulule…) proponen algunos proyectos relacionados con el vino, ahora hay algunas ya especializadas (como WineFunding, Terra Hominis o FundoVino en Francia, o también NakedWines en Reino Unido, Cruzu en Estados Unidos, etc.). Asimismo, algunos grandes proyectos, como Rhonéa Vignobles, han creado su propio portal para atraer al inversor. Cabe señalar que, en 2015, el conjunto de financiaciones participativas representaba en Francia cerca de 300 millones de euros, una cifra que sin duda es cuanto menos apetitosa. Estos actores son, en general, intermediarios entre los viticultores (u otros empresarios del mundo del vino) y los particulares que aportan los capitales. En algunos casos (WineFunding, Terra Hominis), estos últimos se apoyan en expertos (sumilleres estrellas, enólogos, etc.) para seleccionar los proyectos cualitativos, mientras que, en otros, solo se propone una interrelación. Sin embargo, es necesario tener presente que la remuneración de los expertos proviene de aquellos que proponen la inversión (sería preferible que fueran coinversores). Además, pocos sitios web explicitan claramente los gastos aplicados por su servicio (un 8 % en KissKissBankBank).

Los proyectos

Las ofertas son muy variadas. Podemos encontrar, por ejemplo, la simple petición de donaciones, generalmente para una «buena» causa (un viticultor que desea pasarse a la biodinámica, o cuya vendimia se ha visto dañada por las inclemencias climáticas). No obstante, las ofertas más frecuentes son ofertas de inversiones con contrapartidas en especie (donaciones en botellas, descuentos sobre vinos futuros, alojamiento en la explotación vitícola...). Sin embargo, también existen posibilidades de compra de partes de una explotación, con acto notarial (creándose una SCI [sociedad civil inmobiliaria] o un GFA [grupo de propiedad agrícola] para cada explotación, y un viticultor en régimen de arrendamiento que se encargaría de la explotación). El proceso se incluye siempre dentro del marco del crowdfunding, puesto que la explotación vitícola puede dividirse en cientos, e incluso miles de partes. En consecuencia, la formalización notarial se deriva en microimportes, pero aun así supone una garantía. En algunos casos, también son posibles los nichos fiscales (IR [impuesto sobre la renta] o ISF [impuesto de solidaridad sobre el patrimonio]). Un estudio reciente* señala que los importes más importantes proceden de puros inversores, poco vinculados con el mundo del vino y cuya motivación es fundamentalmente financiera. Por último, algunas solicitudes son inversores puntuales (de 15 a 10 000 €), mientras otras son peticiones de alquileres mensuales (Nakedwines).

El desafío

A no ser que se conozca bien la naturaleza, es necesario tener presente el aspecto de riesgo y «liquidez» de su inversión (como para las acciones, solo hay que invertir el dinero que realmente no se necesita). Sin embargo, el vino le confiere otra dimensión. Algunos viticultores llevan tiempo recurriendo a los cultivos tempranos para financiarse. Sin embargo, este sistema se agota un poco y, sobre todo, no propone realmente un vínculo con el terroir, a diferencia de la financiación participativa. En la época de la urbanización galopante y de la compra de vinos «industriales» con formato destinado a grandes superficies, ¿hay algo mejor que poseer algunas cepas, que incluso se podrían vendimiar en una atmósfera distendida? ¿No sería todo un orgullo poseer algunas botellas de SU vino que, sin ser necesariamente grande, sería evidentemente bueno? Y si además estas pequeñas hectáreas adquirieran valor, mucho mejor, pero ahí quizás no reside el auténtico desafío.

http://www.wine-economics.org/aawe/wp-content/uploads/2016/04/AAWE_WP196.pdf

*O. Bargain & al., Crowdfunding in Wine, abril de 2016

 

 

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