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Aprender de vino

En Bodegas Vicente Gandía, arte más allá de la botella.

 

De manera general, dos grandes concepciones del vino parecen coexistir: una que considera al vino una bebida noble, fruto de un trabajo de detalle, casi maniático y que tiene como resultado un objeto artístico y otra que lo enfoca más bien como un producto industrial, casi similar a cualquier otro en el que unos procesos de producción estandarizados son los encargados de dar al cliente exactamente lo que quiere, es decir un producto que siempre tenga el mismo sabor, textura y cualidades básicas.

Estas dos concepciones las resumen por un lado Jean-Claude Boisset, famoso negociante francés y para el que “El vino es un arte, no una ciencia. Creamos productos artesanos, de la misma manera que lo haría un artista o un chef.” Y la Australia Wine Foundation, cuya misión consiste en “Estar comprometidos totalmente con la innovación, desde el viñedo hasta el paladar”.

 

Como habéis podido entender, nos vamos a interesar en este post al vino como arte. Éste proporciona – o debería de proporcionar - una experiencia total. No solo sensorial, no solo gastronómica y/o creadora de gratos recuerdos y por ende emocional, sino que igualmente visual y artística. Esto es lo que ha conseguido precisamente la Bodega Vicente Gandía, de origen valenciano, pidiendo a una serie de artistas locales que utilizaran las barricas como soporte para expresarse y crear una obra singular. En esta iniciativa, nacida en 2008, han participado artistas valencianos tales como Miquel Navarro, Carmen Calvo, Artur Heras, Uiso Alemany y José Sanleón entre otros.

 

Algunos de los artistas participantes en la iniciativa Arte en Barrica y sus creaciones.

 

 

El uso de la barrica como soporte para la creación es triplemente simbólica. Antes que nada, la madera considerada como elemento natural que enriquece y sublima el vino, también es utilizada como soporte artístico una vez su primera función cumplida. Adicionalmente, por este nuevo tratamiento y reciclado de la barrica, se presta tributo a los dos artistas anteriormente implicados en el proceso de creación del vino: el enólogo y el tonelero responsable de la cuidadosa fabricación de la barrica. Finalmente, las creaciones resultantes son un himno a la vida y son fácilmente asociadas a palabras como alegría, creatividad, energía y buen humor. Incluso aquellas barricas con tonos más oscuros o que evocan toxicidad, siguen transmitiendo algo positivo.

 

 

 

 

 

 

Cari Roig y alegría de lo cotidiano.

 

 

 

 

 

 

 

Óscar Mora y su barrica Calavera.

Esta iniciativa tiene un impacto fantástico: no solo prolonga la experiencia del vino en sí, sino que también alegra la vista y celebra la cultura valenciana y mediterránea en su aspecto más destacado: la capacidad de captar la luz tan especial de esta parte del Mediterráneo con colores vivos, puros y resplandecientes. Toso ello incita al visitante a una comunión total con todos aquéllos implicados en la industria del vino y a cargo de tan noble e indispensable causa como la de ser responsables del disfrute ajeno a través no ya de un solo tipo de arte, sino de varios como ya hemos mencionado.

 

 

 

 

 

 

Cuqui Guillem y la roja alegría del vino.

Esperemos que esta iniciativa siga enriqueciéndose cada año con nuevas creaciones, tan vibrantes y transmisoras de energía positiva y alegría. ¡Os seguiremos informando!

 

 

 

 

 

 

José Morea y sus botellas / arboles amarillos.